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Rompecabezas Digital

STAFF DE ROMPECABEZAS Nicolás Pasiecznik, Graciela Soto, Clara Spaccarotella, Matías Tisocco y Ángel Vallejo

CAMBIO DE DIRECCIÓN

31-08-2005
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EL EQUIPO DE ROMPECABEZAS DIGITAL

Por Nicolas Pasiecznik | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: El País

La crítica es la esencia misma del periodismo

07-07-2005
Los enojos de Kirchner

Carlos Pérez de Rozas es director adjunto del prestigioso y centenario diario La Vanguardia, de Barcelona. Está en Buenos Aires y pasó por la televisión argentina. ¿Hay solución para el conflicto permanente entre el poder y la prensa?, le preguntaron. Respondió: “Sí, y es muy sencilla. La prensa debe ser crítica del poder. Si no lo es, su existencia no tiene sentido”.

Con esos tres párrafos cortos, un periodista catalán, distante por lo tanto de los problemas argentinos, despachó un complicado y largo debate local.

Seamos justos: no es sólo local. El debate está abierto en todo el mundo libre. En estos días, en Estados Unidos se está produciendo una enorme polémica pública por la decisión de una empresa periodística de entregar a la Justicia las fuentes reservadas de una información y el arresto de una periodista de The New York Times por negarse a hacerlo (ver abajo). En la Argentina, ese riesgo no existe porque la propia Constitución protege la reserva de las fuentes periodísticas.

Esa relación compleja entre los periodistas y el poder tuvo aquí, en los días recientes, un episodio que al parecer se clausuró con demasiada facilidad. Fue la querella por calumnias e injurias contra dueños, directivos y periodistas de la revista Noticias presentada por el secretario de Medios, José Albistur. La querella pidió a la Justicia la pena máxima; esto es, la prisión de los hombres de prensa.

La información oficial dio cuenta después de que el presidente Néstor Kirchner ordenó que se retirara la querella penal cuando se enteró por los diarios de la novedad. Un buen final, pero poco verosímil. Y, de todos modos, un mal precedente.

No fue un hecho nuevo, además, que un funcionario pidiera prisión por el ejercicio de la libertad de expresión. Ya antes, el ministro de Planificación, Julio De Vido, reclamó la misma pena para la dirigente opositora Elisa Carrió. También entonces el Presidente intervino, informaron, para que De Vido desistiera del reclamo de cárcel para su tenaz censora. En primer lugar, debe subrayarse que Kirchner no sería Kirchner si se enterara por los diarios de decisiones importantes de dos funcionarios tan cercanos a él, como lo son De Vido y Albistur. El secretario de Medios depende directamente del Presidente y del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

Es un secreto a voces que los dos máximos responsables de la administración son, incluso, quienes deciden hasta el destino más insignificante de la pauta oficial de publicidad, que luego ejecuta Albistur, disciplinado y silencioso. Demonizar a Albistur, y salvar a Kirchner como un presidente sorprendido en su buena fe, resulta una estrategia correcta del Gobierno, pero no debería ser asumida como fiel por el periodismo. No es ésa la verdad; se trata sólo de la historia oficial. Hubo, al menos, aprobación de la instancia más alta del Gobierno antes de que Albistur presentara la querella.

En algunos aspectos, el Presidente no ha cambiado la escala periodística que lo vio nacer y crecer en la política. La prensa nacional es más complicada y heterogénea que la fácil unanimidad de Santa Cruz.



* * *


Por lo demás, Kirchner no es el único político argentino al que le falta la convicción más elemental de un demócrata, que es estar dispuesto a comprender las razones del otro. Ni siquiera su discurso público es novedoso: cree que todo lo que se le opone o lo obstaculiza pertenece a lo viejo y descartable de la Argentina. Lo repitió dos veces en las últimas 48 horas en una referencia directa al periodismo. Otros presidentes son dueños de la propiedad intelectual de esas ideas.

Algo nuevo sucede, no obstante. Kirchner ha tratado, algunas veces con singular éxito, de ideologizar demasiado al periodismo, de condenarlo a elegir entre los extremos y de negarle el derecho a ver los matices. ¿No son los matices necesarios, acaso, para cualquiera que intentara descifrar y explicar?

El Presidente, por ejemplo, se acostumbró rápidamente a confeccionarles la agenda a los periodistas. Sabe que sus ruidosas rabietas en la tribuna son más iridiscentes que una serena rendición de cuentas sobre las buenas cosas que también ha hecho su administración.


* * *


Esa estrategia oficial podría resultarle mala en el mediano plazo, pero es su estrategia. El problema consiste en que el periodismo aceptó, en gran medida, la lógica de una agenda tan extraña como excluyente, manufacturada por quien tiene, razonablemente, otros intereses.

Entonces, ¿qué sucede con los periodistas? El periodismo -debemos reconocerlo- está desorientado. Un viejo mito le impide a gran parte de él ejercer la crítica a una administración que se denomina progresista. Ningún otro presidente desde Raúl Alfonsín había llegado, como Kirchner, al corazón de las redacciones.

Al revés, con Menem era todo más fácil: sus políticas fueron las que se consideran de la derecha clásica, las denuncias sobre corrupción de funcionarios caían con frecuencia cotidiana y, encima, a aquel presidente peronista no le gustaba codearse con el periodismo independiente.


* * *


Sin embargo, hay un concepto equívoco ahora cuando el periodismo cree que pasó de tener razones para la crítica, en tiempos de Menem, a no tener argumentos para formular crítica alguna frente a Kirchner. Han cambiado las razones, tal vez, pero no hay ausencia de ellas.

Ese giro, entre lo que fue y lo que debería ser, parece costarle un esfuerzo demasiado evidente al periodismo. Sobran razones para la crítica. Sólo con lo que sucedió en los últimos días, en la ardua disputa interna del peronismo descerrajada por el Presidente, hay suficientes argumentos. Tantos argumentos que la propia sociedad, antes que el periodismo, le hizo saber a Kirchner -y a Duhalde también- que no le interesaba sus módicas discordias.

El periodismo no está conspirando ni padece de esquizofrenia, como deslizó el Presidente en las últimas horas. Sólo trata, en algunos casos, de cumplir con su papel en este mundo, que consiste, simplemente, en encontrar las palabras justas para indagar y molestar.

Por Joaquín Morales Solá
Para LA NACION
Por Matías Tisocco | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Opinión

Esteban

02-07-2005
Tengo miedo
de hablar sobre mis miedos.
Tengo miedo de admitir que soy adulto
y dolor de haber crecido sin infancia.

¿Qué derecho te asistía para el robo?
¿Dónde te llevaste mi inocencia?
Si, lo sé… llevo años preguntando
y una vida entera sin respuestas.

Estoy aquí. Este es mi cuerpo, mi sangre
que con el alma en un caldero
se entremezclan.

Tengo miedo
de seguir teniendo miedo…
El camino se ha hecho largo, lo sé
porque estuve despierto, ya no duermo.
También te llevaste mi descanso…
El cuerpo pesa, las piernas se doblan
Y hay fatiga… pero no hay sueño.

Tengo que seguir, estar despierto.
Ya te has llevado demasiado;
Es poco lo que queda, pero está aquí
y sigue siendo mío pese a todo.

Había un niño pequeño…
demasiado para entender que ya no reiría
demasiado para no creer tu amor de sangre.

Y ya no tuvo risas…
¡Pero tampoco llantos!
Se quedó a oscuras, en silencio
en absoluta soledad…
Sólo esperando.

¿Qué hago ahora si me ven desnudo?
¿A quién le explicaré lo que no entiendo?
¿Qué hago, tienes la respuesta?
¡Ya suéltame! ¡Ya fue bastante!

¿Te animas a mirarme ahora?
Aquí estoy, ¿ves? Ya soy adulto.
Un hombre, sí, que busca a un niño
que pueda devolverle la sonrisa.

Un niño que limpiar, que hacerle mimos
para tomarlo de la mano y construir de nuevo.

HECTOR SPACCAROTELLA, 28 DE JUNIO DE 2005
Por Nicolas Pasiecznik | # enlace | Comentarios (2) | Referencias (0) | En: Literatura

Absoluta confesión

01-07-2005
No puedo dejarte
No puedo esperar
Ya estoy cansado de buscar alternativas imposibles
El tiempo es ahora
Mañana ya no será

La razón es una tempestad
La razón es que ya no estás
Simplemente todos buscamos lo mismo
En diferentes vertientes de amor

Todos queremos sentir la sensación extrema
De cariño, de comprensión
De absoluta soledad

Basta de fantasías abstractas
Y de duendes sin voz
Basta de conflictos vacíos
Sólo tu voz en este desierto gris
Sólo la capacidad de ya no ser.
Por Matías Tisocco | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Literatura

Vuela de mi mano

28-06-2005


Dejame entrar por tus ojos
Y llenarte de mí... de a poco.
Penetrar con melodia
Cada uno de tus silencios,
Quiero empaparte de magia
Quiero sacarte rutina ...
Dejate llevar por mis alas,
Porque mi cuerpo esta formado
Por las más bellas palabras,
Y ningún mal va hacerte
Despegar de la realidad
Mas no sea por unas horas.
Me llaman poesia, y eso soy...
Algo que alguien escribió
Sintió, pensó o parió...
Y que sólo cobra vida
Cuando lo lees vos.

Por María Clara Spaccarotella | # enlace | Comentarios (1) | Referencias (0) | En: Literatura

Crecer de golpe

27-06-2005


Nadie puede negar que los años sesenta fueran de gran importancia en la historia de la humanidad. Por aquellos años, en París, los estudiantes proponían la imaginación al poder, el hombre llegaba a la luna, los Beatles hacían bailar a la juventud desenfrenada, y el Che Guevara se internaba en la selva boliviana sin saber que ésa sería su última morada. Y es en esa convulsionada década en la que se planta Alejandro Agresti para contar la historia de Valentín.

Con esta película, el director logra demostrarle al público la evolución que ha experimentado a lo largo de su carrera. Quizás por que los años lo han hecho crecer, pero lo cierto es que las historias que cuenta en la actualidad difieren bastante de las que contaba hace unos años. Así es como, la temática de Valentín, poco tiene que ver con las de guiones como “La Cruz”, “Buenos Aires viceversa” o “Una noche con Sabrina Love” (basada en la novela de Diego Paszkowsky, ganadora del Premio Clarín Novela).

La historia transcurre en el Buenos Aires de la década del sesenta. Valentín es un niño de ocho años, con una estética y un discurso muy particular, que vive con su abuela española (encarnada excelentemente por Carmen Maura) que a simple vista parece algo cascarrabias, pero a lo largo del film demuestra tener un gran corazón y querer mucho a su desvalido nieto.

La vida de Valentín no es nada fácil. A los cuatro años fue abandonado por su madre, y su padre (personificado por el mismo Agresti) en vez de llenar el vacío que dejó esta ausencia, aparece esporádicamente y acompañado de distintas mujeres, a las que Valentín desaprueba en todo momento haciendo uso de su “derecho de admisión”.

Pero todo cambiará para Valentín el día que su padre le presenta a una de ellas (Julieta Cardinali) y descubre que ésa es la que mas se asemeja al modelo de madre con la que él siempre soñó.

Así, en un mundo formado netamente por adultos , el pequeño deberá construir un espacio para desarrollar su complicada infancia e intentar ser un niño, aunque haya crecido de golpe y le hayan robado la inocencia empeñándose en demostrarle que la vida nada tiene que ver con lo que muchos imaginan.

En medio de ese universo, Agresti logra darle a cada personaje una identidad particular que incidirá directamente en el crecimiento prematuro de Valentín. De esa forma y a lo largo del filme desfilan: el vecino bohemio (representado por Mex Urtizberea) quien intenta enseñarle a tocar el piano y con quien filosofa acerca de la amistad, o el tío compinche (Jean Pierre Noher) con el que comparte el amor por el fútbol y quien le habla por primera vez de la redondez de los senos de aquellas que en pleno verano porteño los insinúan bajo sus ropas.

Respecto a las actuaciones, si bien todos los actores desarrollan muy bien sus papeles, es indiscutible que la gran estrella de la película es Rodrigo Noya -el niño bizco que cautivó al público argentino en su aparición en “Agrandaditos”(programa argentino en el cual un conductor entrevistaba a niños con diferentes aptitudes y gracias) – ya que logra darle a Valentín un aire de frescura, pocas veces visto en la cinematografía nacional. Con ésta, su primera actuación, el simpático Noya ha escrito una línea más en la lista de los niños prodigio de la historia del cine.

La otra actuación que por sí sola merece un paréntesis, es la de Carmen Maura , quien personifica a la abuela insegura y enferma del pequeño, alcanzando un grado de genialidad interpretativa realmente sorprendente. Logra emocionar, enternecer e invita al espectador a que experimente sensaciones de amor y odio a medida que desarrolla su discurso y va dejando al descubierto su relación con Valentín.

Pero en este film, Agresti no sólo cuenta las desavenencias de Valentín, sino que se vale de la vida de este niño para pasar revista a los hechos más emblemáticos que forjaron la ecléctica etapa de los sesenta. Se entromete en temas como la política, las mujeres y hasta con la religión, de la cual hace una crítica sobre el binomio catolicismo-judaísmo. El padre de Valentín, como buen hijo de españoles, obviamente es católico, y existen grandes posibilidades de que su novia (Julieta Cardinali) sea judía, y a partir de allí el niño tendrá su primer experiencia con la religión al preguntarse ¿Los judíos son malos y los católicos son buenos? ¿O viceversa?

Muchos aseguran que éste es el trabajo más autobiográfico de Alejandro Agresti, y que el personaje de Valentín bien puede ser el niño que él mismo fue hace tiempo. Si esto fuera así, el film, pese a ser la catarsis de una convulsionada y traumática infancia, logra contar la historia desde la pureza de un niño, sin caer en el sentimentalismo barato o la lágrima fácil.
Por Nicolas Pasiecznik | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Cine

Negocios sucios en la capital inglesa

27-06-2005


Al director inglés Stephen Frears siempre le interesó llevar a la pantalla aquellas historias que estuvieran emparentadas con temáticas sociales, o las que tratan temas netamente humanos. Tanto es así, que en “Relaciones peligrosas” (1991) protagonizada por Michelle Pfeiffer y John Malcovich, pone al descubierto hasta qué punto es capaz de llegar un individuo con tal de saciar su ambición de poder.

En “Negocios entrañables”, Frears cuenta la historia de dos amigos –un nigeriano (Chiwetel Ejiofor) y una joven turca (Audrey Tautou) – que desde hace algún tiempo intentan sobrevivir en la indiferente y poco amigable Londres. Ambos no solo conviven en la misma casa, sino que, además, comparten el trabajo en un hotel de lujo ocupando los puestos de conserje y camarera respectivamente.

Todo parece desarrollarse tranquilamente en sus trabajos, hasta que un día el joven africano descubre un corazón humano, atascado en el inodoro de una de las habitaciones. A partir de allí, comenzará una investigación personal que lo llevará a descubrir, que detrás de la aparente opulencia que exhibe el hotel y de los pasajeros que alberga, se esconde una organización atroz que se dedica a traficar órganos de una manera “muy especial”.

Así es como, descubre que los cuartos de lujo del hotel son el sitio elegido para llevar inmigrantes ilegales, quienes a cambio de la extracción de algunos de sus órganos - en un quirófano precariamente montado para tal fin - se les otorga un pasaporte con la identidad alterada y los formularios sellados que demuestran que están habilitados para vivir tranquilamente en Londres como cualquier residente europeo.

El tema de los papeles en regla es uno de las cuestiones que les quita el sueño a la joven turca y a su amigo nigeriano. Ellos necesitan imperiosamente regularizar su situación, ya que en poco tiempo se terminan sus visados y pasarían a ser “ilegales”, perdiendo automáticamente sus trabajos en el hotel.

Encerrados en un callejón sin salida, los amigos comienzan a barajar la posibilidad de “donar” algún órgano a cambio del ansiado pasaporte, teniendo que enfrentarse al jefe de la banda, que para sorpresa de ellos, no es ni más ni menos que su propio compañero de tareas en la conserjería del Hotel (interpretado por el catalán Sergi López)

La película tiene varios aciertos: por un lado el armado del elenco ha sido muy acertado. Chiwetel Ejiofor desempeña un papel impecable y Audrey Tautou, da una prueba más de la gran capacidad interpretativa que había demostrado en “Amelie”, el brillante film de Jean Pierre Jeunet.

Por otro lado, lo más interesante en este film no es que toque el tema del tráfico de órganos, sino que, valiéndose de ese hecho, logra poner al descubierto las penurias a las que son sometidos aquellos inmigrantes que quedan a merced de estas redes que se aprovechan de su necesidad y desesperación.

De esta forma, basándose en la historia de estos dos amigos, el director describe los diferentes abusos a los que son sometidos los inmigrantes ilegales, y de esas escenas, se desprenden temas como la desigualdad, la lucha de clases, la explotación del hombre por el hombre y la xenofobia, entendida como una consecuencia inmediata de la crisis de valores que viven las sociedades modernas.
Por Nicolas Pasiecznik | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Cine

Bigas Luna, un maestro con sitio propio

27-06-2005


Quienes sean público fiel del cine español pueden ver en la red una muestra más que interesante sobre el director español Bigas Luna, considerado por muchos, un verdadero maestro del cine fantástico.

La página se encuentra dividida en secciones temáticas tales como: sinopsis, fichas técnicas, galería de fotos y secuencias de su filmografía, además de un resumen de las últimas exposiciones que llevó a cabo en Barcelona en los últimos meses, ya que Luna tiene especial interés por la fotografía y las video instalaciones.

Y son estas últimas, las que se destacan dentro de las demás secciones del sitio Web, ya que el artista, tentado por el alcance mediático de Internet, realizó una serie de cortos que tienen como común denominador el mundo de lo fantástico, con algunos toques de surrealismo.

Realizados y expuestos en el Museo Bigas Luna-Valle Inclán (para la Fundación Ciudad de las Artes escénicas) lo mejor de la colección es: “Collar de moscas” en el que una mujer explica como cazar esos insectos y hacer con ellos una verdadera “gargantilla de moscas vivas”. Los otros tres videos, comparten el tema de la leche como símbolo de la fertilidad. En esa sección, se pueden ver: “El mamador molar” historia en el cual un anciano, desdentado, calvo y harapiento tiene por oficio vaciar los pechos de las parturientas de un pueblo, “Virgen de la leche y la sensualidad” en el que una mujer, de aspecto muy parecido a la Virgen María amamanta a un niño bajo un sol agobiante, y “Macho ibérico llorando su impotencia” en el cual un hombre sufre la desesperación que le provoca el saberse estéril.

Para quienes quieran conocer un poco más del director de Lola, La camarera del Titanic, Huevos de oro y Jamón, Jamón este es un sitio indispensable.

www.bigasluna.com
Por Nicolas Pasiecznik | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Cine

¿Para qué sirve un intelectual?

27-06-2005
Los pensadores Horacio González, Nicolás Casullo y Eduardo Grüner participaron del primer debate organizado por Ñ y la librería El Ateneo y que fue coordinado por el crítico Marcos Mayer. Allí, a través de un diálogo abierto y encendido con el público, analizaron el papel de los intelectuales en la sociedad y en la política contemporáneas.



- Horacio González:- —La palabra intelectual carga una disconformidad, una falta de tranquilidad íntima. ¿Soy un intelectual? Esa es una pregunta, para mí, indispensable. Interrogación y angustia, dos palabras que forman parte del quehacer del intelectual. Para mí es insoportable cargar la expresión "intelectual" y ser portador de las supuestas identidades que debiéramos sostener. Evidentemente, la palabra tiene esa carga conflictiva. Para mí, la idea de lo intelectual es un conjunto de tensiones, de problemas irresolubles en el horizonte de la vida contemporánea. Pero al mismo tiempo es algo más que eso, es la posibilidad de que una persona pueda decir cuáles son esos núcleos irresueltos, esas llagas, las cuestiones que no harían al mundo más feliz o de no ser dichas, no harían al mundo más justo. Es un decir necesario por su condición de inesperado por ser algo que no estaba en los planes de nadie reflexionar de tal o cual manera y, si es necesario incomodar, hacerlo ya que el intelectual tendría la palabra dislocada, la capacidad de decir las cosas en términos fracturados, agónicos, o decirlo en términos de romperse en el acto de hablar.

- Eduardo Grüner:- —Por otro lado habría que definir la palabra político porque, como hubiera dicho algún griego del siglo V antes de Cristo "políticos somos todos". Un político, si aspira a estar en el poder, tiene que estar tomando decisiones permanentemente. El intelectual, por supuesto que también las toma pero con otros tiempos, toma decisiones respecto de las palabras que usa, de los conceptos con los que quiere trabajar, de las ideas malas o buenas que él mismo genera, y ésas son decisiones a más largo plazo, que tienen la ventaja por sobre el político en que no tienen un efecto inmediato.

- Nicolás Casullo:- —En ese sentido yo no me escuché ni escuché hablar sobre el tema Cromañón, por ejemplo. No he encontrado un pensamiento interesante sobre ese tema. ¿Hay algo diferente a esta especie de sentido común donde hay una ordalía que habla de un asesinato que en realidad no lo es? ¿Hay algún planteo intelectual que haya puesto en discusión crítica la atmósfera con que se está planteando el tema. Sartre ya hubiera salido al cruce a decir algo que no hubiese gustado con respecto a este facilismo con que nosotros permanentemente nos situamos en las problemáticas y nos planteamos que así son las cosas.

- Marcos Mayer: —Este parece un momento en el que todo se quiere pasar por el tamiz del sentido común. La senadora Cristina Kirchner dice que la Justicia tiene que manejarse con el sentido común y se supone que hay ciertas reflexiones o ciertos dichos que lo ponen en cuestión. ¿Cómo se puede hacer funcionar el contra-sentido común?

Casullo:- —¿Qué hay que decir? ¿Quién se atreve? ¿Qué candidato de la Capital Federal podría decir que no puede haber una agenda que analice el drama de Cromañón, situado en el dolor de las madres? ¿Que no puede haber un planteo político que solamente esté situado en ese lamento? Esa sería la función de un intelectual, de alguien que reconociendo el dolor, el drama, se plantea una lectura de que nadie es inocente en esta sociedad, todo el mundo calla, todos se dejan llevar por las alas del sentido común, y todos se plantean para donde sopla el viento. Entonces, el político y los medios lo tienen que hacer porque con lo único que pactan es con aquel sentido común que los va a ver. Ahí es donde yo vería la posibilidad de un planteo del intelectual, de una conciencia crítica que comenta la pesadez del mundo y tiene la posibilidad de decirlo en términos discutibles, provisorios, relativos y cuestionables. Porque la palabra del intelectual es la más frágil, ya que nos podrían decir: "¿Y vos quién sos para venir a decir esto?" La palabra del intelectual es valiosa por la fragilidad con que está planteada, es un poder que se esfuma de las manos. En ese sentido yo reivindico totalmente la figura del intelectual pero me apena sentir que muchas veces el intelectual no está a la altura de los acontecimientos.

- Mayer: —Creo que los pueblos no esperan nada de los intelectuales. Hay una carencia enorme de intelectualidad. El vacío que nos deja el escenario intelectual lo cubre la sabiduría del pobre. Esa, para mí, es una sabiduría no intelectual.

Grüner:- —Siempre les hago a mis alumnos el mismo chiste: si uno cayera en la visión ilustrada o iluminista del siglo XVIII de que la cuestión pasa por la educación de las masas, del soberano, la cosa sería mucho más fácil. Uno podría aprenderse de memoria las obras completas de Freud y pensar que con eso dejaría de ser un neurótico. Sabemos que no es así, que es bastante más complicado. Hace pocos días leí con estupefacción cómo un periódico hablaba de Romina Tejerina y la comparaba con el caso de otra chica, Olga, que mató al padre que la había violado. Se habló de Olga y se dijo: "El otro caso Tejerina". O sea, es lo mismo una chica que mata a su hija, producto de una violación, que la otra que mata al padre que la había violado. Son dos realidades absolutamente inconmensurables. Me niego a ponerlas en la misma bolsa. Si en todo caso hay un papel tímido, simplemente interrogativo, balbuceante y tartamudo, que el intelectual puede cumplir, es el de estar permanentemente llamando la atención sobre estas falsas identidades, sobre esta igualación de lo que nunca puede ser igual, y presentarlo como problema que a lo mejor no tenga solución. La responsabilidad de que no pase este tipo de barbaridades es de la sociedad en su conjunto. Y el intelectual, como el arte en otro terreno, puede decir que "aquí hay un problema. No sé cuál es la solución. No es fácil de resolver. Pero hay que planteárselo."

- Mayer: —¿Tienen algún modelo de intelectual al cual tengan en especial consideración? ¿No piensan que la función del intelectual no es sólo incordiar o cuestionar sino también ayudar a reflexionar. ¿Esa es su tarea?

González:- —En determinados momentos estamos a la altura de un legado intelectual, y por eso mismo, la palabra termina siendo molesta. En la época de Emile Zolá, se inventó esa palabra, porque entonces se hablaba como ideólogos de quienes querían señalar el profundo desajuste de ese término. Creo que todos ensayamos los modelos de "ir al pueblo". Ensayamos todos los que sean necesarios hasta descifrar ese enigma de querer ir al pueblo y, al mismo tiempo, sentirse un poco como Aníbal Troilo con su frase magnífica: "alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio", y él niega haberse ido del barrio, pero inmediatamente afirma que siempre está llegando. De modo que, en ese estar siempre, habiéndose ido, o en esa llegada, que es la del que estuvo siempre, está presente esta relación con el sentido común, siendo y no siendo parte de él, es decir, del plano en que los problemas ya están conversados. Eso me parece que son problemas de índole intelectual. Y no hay ningún intelectual que lo diga porque no es necesario ponerle ese título, y sin embargo son los problemas del ir hacia otra cosa, del ir al pueblo. Y eso significa ser otro, transformarse en otro, y penitenciarse por no haber estado desde el comienzo en un lugar donde siempre se está llegando.Yo no veo, en este momento, y lo digo con pena, que la vida intelectual argentina tenga suficientes motivos para enorgullecerse. Y la vida política argentina está muy desnutrida de lengua, de texto. Es a-textual. No digo que sea iletrada, es a-textual, es decir, no tiene textos capaces de interrogarse a sí mismos y nadie piensa en ellos en las escenas políticas. Entonces, eso exige menos el auxilio de ningún intelectual que una profunda autorreflexión del país en todos sus cuadros culturales y políticos. Porque, finalmente, si los gobiernos persisten sin texto, evidentemente no veremos momentos interesantes y satisfactorios desde el punto de vista de una sociedad que se conoce a sí misma en términos de rigor y también de profunda angustia.

- Mayer: —Pareciera haber un lugar en la sociedad, para el intelectual. ¿Cómo deciden ustedes postularse para ese lugar?

Casullo:- —Diría que hay una intervención que está más allá de los saberes específicos. Blanchotte define al intelectual como aquél que opina lo inopinable. Pero creo que esa intervención condena al intelectual y al mismo tiempo lo reclama. Es decir, es cierto que en la Argentina la figura del intelectual es una figura no muy apreciada, no muy querida, ni por la política, ni por los grandes líderes nacionales, ni por los grandes caudillos que atravesaron nuestra historia, ni tampoco por una sociedad modernizada y hecha a golpes muy duros de una constitución económica muy fuerte. Podríamos decir que el intelectual en la Argentina siempre estuvo un poco a la intemperie. No estuvo muy defendido, legitimado ni muy legalizado. Más allá de un saber, el opinólogo, como también se lo llama muchas veces al intelectual hoy, aparece en columnas hablando de uno y otro tema, es una presencia que a mí me resulta necesaria de ejercer, en cuanto a una crítica intelectual, y también necesario de leer. Yo, permanentemente, busco, frente a cada una de las circunstancias históricas, la opinión de los intelectuales. Que no son muchos, que son pocos, que son fallidos, que algunas veces se reiteran, pero que, evidentemente, me estarían dando como un lugar más distanciado de orientación o de argumentación. En ese sentido diría que es como un resto, un plus a una tarea que uno ejerce, ya más bien en términos profesionales, y que implica, básicamente, en la historia moderna, la escritura; la escritura como elemento central de intervención.

- Grüner:- —El problema no es la comprensión, sino la producción de algo diferente. Digo, comprender se pueden comprender muchas cosas; y hacer comparaciones, como hacer cuentas, como recurrir a juegos lógicos, son todas ellas maneras legítimas de entender, o al menos poder circunscribir y organizar mentalmente lo que está sucediendo. En una época, la militancia o la participación política era una vía de entrada para pensar problemas más complejamente, para acceder a libros en los que uno no había pensado o no había escuchado nombrar. Era una vía de entrada y en muchos casos, una vía de salida, porque uno sabía que eso tenía un límite y que en algún momento, también ésos te iban a decir: —bueno, vos sos un intelectual, dejanos a los que sabemos de política hacer la revolución o lo que correspondiera en cada momento. La Argentina tiene una historia de intelectuales de una máxima importancia. Hay una tradición de ensayismo crítico implacable, no concesivo, en la Argentina, que va de Sarmiento a Martínez Estrada, de Alberdi al grupo Contorno, de Echeverría a David Viñas, que es extraordinariamente rica. Porque, en otros países, los intelectuales son profesores universitarios. Quiero decir: sólo profesores universitarios. Acá, lo somos además. Ahora, ¿qué significa esto, que es una condición, para ser un intelectual, irse de la universidad? No, no es una condición, se puede perfectamente y hay muchas menos trabas de las que el sentido común, desde afuera, cree encontrar. Se puede perfectamente hacer ambas cosas, moverse en esa ambigüedad, en ese intersticio conflictivo y hacerlo. ¿Por qué tenemos que caer en la condescendencia en el fondo peyorativa, hacia ese pueblo, de decirle las cosas fáciles?

- González:- —Un texto mueve. Es movimiento en la conciencia de las personas o en lo que cada uno se forje como ilusión del vivir. Por eso leo a personas con las que no estoy de acuerdo y leo al periodismo en general, porque debe haber algo que, en algún momento, suponga la expresión deslumbrante o chocante, y siempre novedosa, inesperada. El caso de Cromañón, por ejemplo, que uno lee con angustia lo que se ha escrito porque, efectivamente, salir del encierro que significa considerarlo una masacre o meramente una tragedia, supone que había que buscar en otro lado. Y uno ve con pena que se busca poco en otro lado, y ese otro lado, quizás, no apareció. Es una reflexión sobre la condición de las víctimas y cómo se las constituye. Y veo que inevitablemente eso supone un hablar. Por supuesto un escribir, pero supone una oralidad, supone una fruición retórica, que probablemente tenga que ver con un placer, también, ¿no? Supone vincular política a retórica, y no decir que expulsamos la retórica de nuestra consideración sobre el sujeto. Facundo de Sarmiento es uno de esos textos, en eso hay un acuerdo generalizado. Creo que El escritor argentino y la tradición de Borges es otro de esos textos, y en eso hay un acuerdo generalizado. En los 80 Ricardo Piglia escribió su célebre novela Respiración artificial diciendo cosas parecidas, es decir, quién sería el que se animase a constituir ese texto. Ese texto se suponía que era un texto de la época, como se dice; es decir, lo que nos hace congéneres, lo que nos hace prójimos, y también lo que nos hace víctimas, o críticos de las ideologías victimistas, como sea. En ese sentido, yo veo una ausencia de texto. El Manifiesto Comunista, lo escribió alguien y resumió quizás su propia obra. Pero las frases encarnan de otra manera. Las frases tienen cierta calidad de sentencia, cierta calidad de flechazo, cierta carnalidad, digamos, cierta corporeidad, o como diría nuestro amigo Viñas, cierta respiración. Es absurdo definir la literatura por el cuerpo, pero cuando eso se aproxima, las frases pueden memorizarse, pueden decirse como refutación, y eso me parece que no hay. Percibo que en el gobierno no hay interés en esa búsqueda. Eso lo percibo con preocupación. Percibo que en la situación argentina eso no está. Y debería estar. Y la ausencia de eso, de ese talismán es grave. Es grave que no aparezca como debate.

Debate Publicado en Revista Ñ del 27/06/05
Por Nicolas Pasiecznik | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Cultura

Andy y yo

24-06-2005
El lugar común dice que Marta Minujín es la Andy Warhol argentina. Pero la relación entre ambos fue mucho más rica y compleja que eso. A propósito de la muestra sobre Warhol en el Borges, Radar consultó a la gran Minujín para indagar en esa relación de admiración mutua y sintonía espiritual que incluyó fiestas en lo de Salvador Dalí, patinaje por las calles de Nueva York y hasta la cancelación de la deuda externa argentina sobre una pila de choclos.



Hace unos meses, Marta Minujín llegó a una inauguración con un teléfono gigante de plástico inflable. “Hay que conectar. Todo con todo. Todo en este mundo son conexiones”, dijo mientras subía la escalera a toda máquina, su casquito platinado rebotando de escalón en escalón. Como todo en Minujín, como su contestador telefónico que arenga con su célebre gritito: “Arte, Arte, Arte”, sus explicaciones se han vuelto oraculares. Ocurre que, a pesar del flequillo tipo lluvia que le cubre los ojos y de los anteojos negros polarizados, Minujín puede ver más de lo que parece. Tiene, de hecho, como las lechuzas, una visión de 360 grados, que le permite mirar para atrás y para adelante casi en simultáneo. Y aun así, en el imaginario popular, a Marta Minujín, como a Yoko Ono, se la suele definir por su posición respecto a un hombre. Se dice que Minujín fue la reina pop de acá, mientras Andy Warhol era el rey pop de allá. Mito que ella misma alimenta cuando define a Warhol como “mi hermano artístico”.

En la superficie, que es a lo único a lo que, según Warhol, deberíamos atenernos, ambos hicieron de sus raros peinados nuevos, sus salidas nocturnas, su vivir en arte y sus destellos de lucidez (y frivolidad), un signo de época. Pero lo que impulsaba a Warhol era una fascinación por la máquina, una compulsión a repetir, una vacía monotonía y un interés por hacer plata, mucha plata (los dólares acumulados en el Banco fueron, quizá, su serie más perfecta). Frases como: “El sueño americano no existe pero creo que podemos sacar unos mangos a costa de él”, vuelve difícil convencerse que tras la máscara de cera de Andy Warhol no se escondiera un cínico. Minujín, más espontánea y descangayada, mantuvo la frescura con los años. No es que no le interesaran los negocios, pero claramente no fue tan hábil para ellos. Y sus mejores obras, invendibles, ligadas a los happenings y las ambientaciones, estaban impulsadas por una verdadera fe en la creatividad de la gente común (a Warhol, en cambio, sólo le interesaron los bordes: los muy marginados o los muy ricos). Uno era monosilábico, su célebre wo...wo...wo... más que un tartamudeo o un tic nervioso parecía una línea de teléfono ocupada; la otra es verborrágica; hasta que se queda sin cuerda y se apaga. A Minujín la conversación le queda chica, las palabras le resultan demasiado lentas; hay que ordenar una detrás de la otra cuando a ella le gustaría articularlas todas de golpe y en catarata. Y así y todo, saltando de una cosa a otra, la artista recordó el día en que conoció a Andy Warhol, un choque de asteroides sobre el cielo de Manhattan. Esto es lo que la cinta grabó:

Un angel enigmatico

“Al llegar a New York él ya me conocía a mí porque yo había tirado unos pollos desde un helicóptero y había destruido mi obra en París y eso me había hecho famosa. Entonces llegué ahí y él mismo se presentó Hello Martha, I’m Andy Warhol. Fue en una inauguración en la galería de Leo Castelli donde yo expuse en el ‘65 el Batacazo, una muestra que fue famosísima porque la cerró la Sociedad Protectora de Animales y todo eso. Warhol vino a la inauguración, se presentó y enseguida nos hicimos amigos. Ibamos al Max’s Kansas City Bar y él estaba siempre sentado ahí con la Velvet Underground y Nico. Divinos. Siempre hablábamos con Tiger Mors y Taylor Mead, que era uno de sus actores, y con toda la gente y nos divertíamos como locos en las fiestas. A él le encantaba mi obra pero fundamentalmente le encantaba yo. Yo era mucho más chica. El tendría 38 años y yo 24. El decía que yo era súper pop y loquísima. Yo por esa época andaba en patines por todas partes y me hice famosa. Después nos encontramos en el hotel de Salvador. Dalí invitaba todos los días a tomar el té de las cinco de la tarde a su habitación del Saint Regis Hotel. Iba toda la gente famosa y como yo ya me había hecho famosa porque había salido en Time y Life y era el pop latino y eso y era de las primeras que patinaban por New York, entonces Dalí me mandó a llamar. Y era divertidísimo, nunca me divertí tanto como en esos años. Había una mesa con Candy Darling, travestis, toda gente loca, toda hippie. Y Dalí se movía de acá para allá y de vez en cuando aparecía Gala. A Dalí le encantaba Warhol. Con el que se llevaba mal era con Picasso, hablaba pésimo. Tenían mucha competencia y cuando murió Picasso hizo una fiesta para festejar. ‘Soy el grande, soy el grande, soy el genio’, gritaba Dalí. Tenía una energía brutal, con 74 años no paraba de moverse. En verano andaba con saco de leopardo porque controlaba su temperatura. Y Andy Warhol hacía lo mismo. Siempre vestido de negro como un ángel enigmático pero buenísima persona. Igual después le pegaron unos tiros porque decían que no le había pagado a una chica Valerie. Yo estaba en New York y me enteré por los diarios y fue terrible.”

Yo sere tu espejo

“Después lo volví a encontrar en el ‘85 y le propuse pagarle la deuda externa argentina con choclo, que yo creía que era el oro latinoamericano. Me lo encontré en el Odeon, le conté la idea y a él le encantó. Entonces fui a su casa de la calle 34, a una cuadra del Empire State. Llevé todos los choclos, hice una montaña, pusimos dos sillas y nos sacamos diez fotos. Yo agarraba el choclo, él subía, yo se lo ofrecía y él lo aceptaba. Así la deuda externa quedaba paga. Pensando que yo era la reina del pop por estos lados y él, el rey del pop por allá, tenía sentido que saldáramos la deuda. Después regalamos los choclos firmados a la gente. Esa fue la última vez que lo vi. Murió dos años después.”

“Cuando se murió New York quedó vacío. Por lo menos para mí se vació. New York era una fiesta con Andy Warhol. Apenas lo encontrabas, él ya sabía de todos los lugares adonde había que ir. Cada vez que me veía me decía: ‘La única, la única’, era una identificación total, como con Dalí. Gente que se reconoce como colega. Él era un par. Nunca más lo volví a sentir. Antes lo había sentido acá con Alberto Greco. Y antes, no sé, con Miguel Angel y Leonardo. Con Warhol los dos trabajábamos mucho en el mundo de las discotecas, de la frivolidad. Yo, cuando voy a un cóctel, estoy trabajando. Ésa es la idea: tomar toda la vida como trabajo y el trabajo como vida. Yo antes estaba mucho en la noche de Buenos Aires, ahora no tanto porque la noche cambió. Quizás él también hubiera dejado de salir porque New York cambió mucho. Antes ibas a las discotecas y era una maravilla, había gente viva en las vidrieras, encantadores de víboras, cosas que ves por la calle Florida, pero metidos en peceras. Warhol convirtió todo eso en oro y logró hacerse millonario en vida. Convirtió a la serie en original. Lo masivo, en único. Y las películas fabulosas que hizo, genial: la diversión de aburrir a la gente. Después salieron a decir que su obra no resistía la muerte del personaje. La verdad es que su muerte fue una pérdida brutal porque algo de su obra murió con él. Pero con el tiempo su obra renació. Mirá sus muestras ahora llenas de gente. Él se inventó a sí mismo. Como yo. La gente dice: ‘Marta Minujín es nada más que el personaje’. No, está toda la obra detrás. Todos somos artistas, el problema es darse cuenta. Ahora que me acuerdo, yo tenía una lata de sopa firmada por él pero alguien se la llevó.”

El verdadero under

“La obra de Warhol la conocí primero en The Factory. Lo llevé a Romero Brest en el ‘67 y a él le pareció rarísimo porque nadie le daba bolilla a nadie. Entrabas al Factory y nadie te hablaba. Estaban cada uno en la suya, trabajando. Los aristócratas haciendo su propia obra, Diva Superstar, todos muy ensimismados, muy creyendo en su propio trabajo. Estaba todo el mundito, me acuerdo de Bianca y Mick Jagger. Lo más genial era que Warhol le sacaba la foto al artistócrata y el artistócrata tenía que hacer la obra. Me acuerdo de Mick Jagger haciendo su propia serigrafía. Los hacía trabajar y después se las vendía a 400 mil dólares. Eso era lo genial de su idea de vivir en arte. Integró a la gente. Por empezar, no eran tanto aristócratas como nuevos ricos que antes compraban Action Painting y pintura francesa y después empezaron a comprar pop y más pop. Y Warhol lo genial que hizo fue entender, como nadie, lo de arte y vida. Él siempre iba rodeado de su gente. Era underground en serio. Siempre rodeado de personas muy pobres, muy reventadas, a las que después convirtió en actores. El barro lo transformó en oro. Y después se puso a hacer cine. Antes que Woody Allen, New York está en las películas de Warhol. Y después publicó la revista Interview. Salir ahí te hacía instantáneamente famoso. A él le encantaba la gente famosa. Puede que un poco los utilizara pero más que nada era pura diversión. Jugaba con el esnobismo de todos, incluso con el suyo.”

La mujer gigante

“Yo tengo esta Mujer Gigante sin terminar porque no consigo la financiación. Es una mujer que está toda empaquetada por objetos de consumo de la cintura para abajo y mensajes intelectuales de la cintura para arriba. Ahora está abandonada en el Museo de Arte Moderno. La idea es que el primer día haya un happening y se le pregunte a la gente con computadoras: ¿Qué hombre y qué mujer, qué objeto y qué acontecimiento recuerda del siglo XX?; o si no, por ejemplo: ¿Si un artista fuera un país, qué país sería? ¿Si una galería fuese una novela, qué novela sería? ¿Si un museo fuera un plato de comida, qué plato sería? Eso se computa, sale un mensaje y se mete en una botella y se rellena la mujer con las botellas y simultáneamente en París unos amigos míos hacen una obra de arte con las respuestas de los argentinos. Después podés subir en ascensor y atravesar los anteojos. El pop es genial. Pensá que me acaban de decir que en París un colchoncito mío se vendió en 60 mil euros. Yo no voy a ver ni un peso porque lo regalé. Ahora me vendría bárbaro para terminar la Mujer Gigante... A mí me cansa mucho el pasado. Prefiero todo para adelante, para adelante. Yo prefiero que mi obra esté en una autopista a que esté en una galería. Mucho más genial. Ahora el arte se volvió puro mercado, aburrido. Pero el arte tiene que intensificar la vida, de alguna manera. Tiene que darle más vida a la propia vida. Por eso la gente va al cine. ¿Sabés qué? No hay que morirse, es aburridísimo.”

María Gaínza
Por Nicolas Pasiecznik | # enlace | Comentarios (0) | Referencias (0) | En: Cultura